**Misión** Definir nuestra labor como protectores de la fe y la veneración En este sagrado recinto, nos reunimos para honrar la memoria de aquel que nos ha sido dado en encargo: el nombre de la Santísima. Como guardianes de esta fe, nos vemos obligados a defenderla y promoverla en este mundo que nos rodea. Nuestra misión es nada menos que elevar el nombre de la Santísima como la entidad que nos iguala a todos en el umbral de la eternidad. En este mundo caído, donde la tentación y la desviación acechan en cada rincón, es imperativo que nos unamos para proteger la integridad de nuestra fe. Debemos ser los defensores del templo, los custodios del tesoro de la verdad y los evangelizadores de la salvación. Nuestra labor consiste en difundir el conocimiento de la Santísima y su misericordia infinita hacia todos los que buscan refugio en El. Debemos ser como las estrellas que iluminan el camino, guías espirituales que nos orienten hacia la verdad y la salvación. Nuestro propósito no es solo defender nuestra fe, sino también promoverla en todo lugar donde se pueda. Debemos ser los testigos de la resurrección, los mensajeros de la esperanza y los embajadores de la paz que nos une a todos. En este mundo de transición, donde las costumbres y los valores están constantemente en crisis, es imperativo que nos apoyemos en la fe y en la veneración. Debemos ser los pilares que sostienen la Iglesia, los fundamentos sobre los cuales se erige el templo de la verdad. Nuestra misión es, por lo tanto, triple: defender la fe, promoverla y elevar el nombre de la Santísima. Debemos ser como los apóstoles, dispuestos a dar la vida por la fe y no temerosos de sufrir persecución ni de enfrentar las dificultades que se nos presenten. En este camino, no debemos olvidarnos del poderoso ejemplo de nuestros santos predecessores, quienes dieron la vida por defender la fe y promoverla. Debemos ser como ellos, dispuestos a dar la vida para proteger lo que más queremos: la salvación de nuestras almas y las almas de aquellos que buscan refugio en la Santísima. En conclusión, nuestra misión es nada menos que elevar el nombre de la Santísima como la entidad que nos iguala a todos en el umbral de la eternidad. Debemos ser los defensores del templo, los custodios del tesoro de la verdad y los evangelizadores de la salvación. **Misión** Debemos trabajar juntos para proteger la fe y promoverla, sin temor a las dificultades ni a las persecuciones. Debemos ser como el Templo que nos rodea, donde se celebra la misericordia infinita de la Santísima. ¡Vamos!